Cómo aprovechar la clase al máximo

No sé vosotros, pero a mí una hora de clase se me hace corta. Siempre me quedo con ganas de poder enseñaros un truco más, o escuchar algún pasaje una última vez. O que me contéis alguna cosa de vuestra vida.

Quizá estéis pensando que no es así, que es una hora entera, 60 minutos uno tras otro, pero en relación al resto de la semana, el rato que pasamos en la clase es sólo un momento fugaz y por eso tenemos que atesorarlo y mimarlo y hacer todo lo posible porque resulte productivo.

Es un poco parecido a cuando vamos al médico. En 5 minutos el doctor te va a explicar qué medicamentos tienes que tomar, cómo tomarlos, y si tienes que cambiar algunos hábitos de tu vida como tomar más agua. Si no prestamos toda la atención de que somos capaces en estos 5 minutos,
¡no sabremos qué hacer el resto de la semana!

Así que lo primero que debemos hacer para aprovechar bien la clase es estar muy atentos y concentrarnos al máximo. A veces estamos cansados y nos cuesta más mantener la concentración pero es necesario esforzarse porque pasará una semana entera hasta que tengamos de nuevo la oportunidad de aprender.

Así mismo es esencial practicar con regularidad durante toda la semana. Es importante aclarar que la hora de clase no es el momento en el que practicamos. Esa hora sirve para que el profesor vea nuestra evolución y analice qué aspectos hemos desarrollado con éxito y cuáles necesitan un nuevo enfoque, o refuerzo técnico, etc. y para que el profesor nos enseñe los recursos que necesitamos aplicar en nuestro tiempo de estudio para seguir avanzando tanto en la obra concreta que estemos trabajando en ese momento, como en nuestra evolución general como músicos.

También quiero resaltar que la falta de regularidad en el estudio, además de no tener los resultados positivos mencionados, tiene resultados muy negativos: si yo no evoluciono de una clase a la siguiente, el profesor volverá a repetirme las cosas que me dijo en la clase anterior, y eso resulta muy aburrido. Cuando este proceso se repite a lo largo de varias semanas, entramos en un estado de tedio, cansancio y falta de motivación tanto hacia la clase como hacia el instrumento en sí.

Una herramienta realmente útil es un diario de clase y práctica. En él, el profesor enumerará todo lo que debemos trabajar durante la semana así como anotaciones y consejos sobre qué aspectos debemos prestar más atención; por ejemplo, fijarnos en la posición de un dedo concreto, o evitar ruidos («cerdeos») al tocar un determinado pasaje. Además, durante la práctica, nos servirá de guía para planificar nuestro tiempo y podemos ir anotando todo lo necesario como dudas, trucos que no nos están funcionando, a qué velocidad he llegado ese día con el metrónomo para saber dónde continuar al día siguiente, etc.

Por último, no os quedéis nunca con ninguna duda ni tengáis miedo de preguntar en la clase. Una de las cosas que me encantan de estar aprendiendo a bailar swing, es que me tengo que poner en el papel de alumna. Muchas veces he preguntado dudas a la profesora y al hacerlo me he dado cuenta que otros alumnos tenían la misma pregunta. Si nadie pide al profesor que resuelva nuestras dudas, nos quedamos todos sin saberlo y sin mejorar ese paso o movimiento. A veces incluso podemos llegar a tener la sensación de que el profesor nos dice cosas contrarias y si no preguntamos el por qué podemos llegar a pensar que cada día nos dice una cosa diferente y que no podemos confiar en que lo que ha dicho es así.
Las clases de instrumento son individuales así que no podemos esperar a que otro compañero pregunte por nosotros.

Ya sabéis, ¡preguntad siempre!

Kora, el arpa africana.

Tenía muchas ganas de empezar una nueva sección en el blog en la que os iré hablando de diferentes arpas y arpistas porque me parece esencial que tengáis una visión amplia de todo lo que forma parte del mundo del arpa. Escuchar música de diferentes estilos siempre es enriquecedor y nos ayudará a comprender mejor la música que interpretemos además de aportarnos ideas musicales e inspiración para dar nuestro toque personal a las obras que trabajamos.

Así que, ¡Tacháaaaan! esta sección queda inaugurada con la Kora.

A simple vista podría pareceros que esto no es un arpa, pero la definición de arpa nos dice que es un instrumento que tiene un número variable de cuerdas de diferente longitud sujetas a un marco de forma triangular y que las cuerdas se pulsan con ambas manos. Si os fijáis de nuevo en la foto veréis que se cumplen todos los requisitos, así que sí, la kora es un arpa.

Este instrumento tradicional de África occidental (Mali, Guinea, Gambia y Senegal) se construye usando la corteza de media calabaza para la caja de resonancia. La caja va cubierta con un parche de piel de vaca y el mástil es de madera maciza. Las cuerdas se hacían tradicionalmente con tripa de antílope u otros animales pero hoy en día se suelen usar cuerdas de arpa o hilo de pescar de nylon. El número estándar de cuerdas es 21; 11 se tocan con una mano y 10 con la otra. A los lados de las cuerdas hay dos piezas de madera que sirven para sujetar la kora con ambas manos, usando los dedos corazón, anular y meñique, de manera que para tocar sólo se utilizan el pulgar y el índice. Actualmente hay koras con 4 cuerdas más para sonidos graves y con sistemas de clavijas y amplificación electroacústica.

La kora era usada por los «jali» o «griot», trovadores contadores de historias cantadas que pasaban la tradición a sus descendientes.

Toubani Diabate (Mali), uno de los mayores artistas de kora actuales, nos dice en la entrevista para http://www.france24.com que este instrumento es el emblema de la cultura Mandinga, ya que, aunque hay varios instrumentos tradicionales como el Yembe o el Balafón, la Kora es el único instrumento Mandinga que no se encuentra en ninguna otra parte del mundo.

Yo descubrí este instrumento por otro artista, Balleké Sissoko, que aprendió de su padre como manda la tradición de los jali. La primera vez que le escuché fue tocando con un violonchelo:

Os recomiendo también que escuchéis Diario Malí. Es un disco que grabó Ballaké Sissoko con el pianista y compositor de bandas sonoras Ludovico Einaudi. ¡¡¡Es una preciosidad!!!

Y para completar, otro artista llamado Seckou Keita y la arpista galesa Catrin Finch iniciaron hace varios años una colaboración con fantásticos resultados y ya han publicado dos discos: el primero se llama Clychau Dibon y el segundo Soar.

¿Cuándo estoy practicando y cuándo interpretando?

Ahora que estamos en época de concursos y audiciones me parece interesante hablar de la diferencia entre practicar e interpretar. Está claro que interpretamos cuando estamos ante el público, pero, ¿y en casa?

Una vez que tengamos una obra lista para ser presentada en público, es vital practicar la interpretación. Sí amigos, la práctica de una obra no termina cuando ya conocemos todos sus elementos y podemos tocar cada nota con soltura y comodidad. Después de eso hay mucho que podemos hacer para que cuando la toquemos delante del público disfrutemos y seamos capaces de reflejar todo lo que hemos trabajado y las ideas musicales que hemos desarrollado en esa pieza.

Para practicar la interpretación primero debemos tener claro si vamos a tocar con la partitura o de memoria porque vamos a «reproducir» nuestra actuación tal como será en la sala de concierto. Si has elegido tocar de memoria, no esperes al último día para probar a tocar sin la partitura. Desde YA debes practicar a tocar la obra entera retirando el atril de la vista porque eso te ayudará a ponerte en la situación.

En ambos casos (de memoria o con partitura), debes conocer a fondo la estructura de la obra, hacer un itinerario o mapa mental con las ideas principales de la pieza porque eso te va a servir de guía y te va a ayudar a mantener la concentración. (Como os conté en el último artículo no es lo mismo pensar en correr 5 kilómetros de golpe, que ir pensando en 1, luego en otro, y otro).

Vamos a utilizar la visualización: imaginaremos la sala de concierto y el público. Cuantos más detalles podamos añadir, más real nos parecerá la situación. Cuando tocamos en el conservatorio tenemos una ventaja porque ya conocemos la sala, hasta podemos ver el color rojo de las sillas y el cuadro del fondo. Intentamos también visualizar el arpa que usaremos, la posición en la que estaré frente al público, etc. Cada detalle cuenta.

Y ahora viene la mejor parte: ¡sonreír! He aprendido que sonreír al salir al escenario elimina el 90% de la tensión. Al principio lo hacía de manera planificada, me obligaba a ello porque me vi en un vídeo de una actuación y no me gustó nada la cara tan seria que ponía, pero poco a poco empezó a salirme de manera natural y sincera y ahora no necesito ni pensarlo. (Ojo, estoy hablando de sonreír al salir al escenario, no de estar pensando en sonreír durante todo el tiempo que dure la pieza que toco).

Así que el proceso será:

  • Preparar nuestro escenario (poner el arpa en su sitio, colocar el atril o retirarlo, incluso podemos colocar delante alguna silla para que parezca el público).
  • Repasar mentalmente el mapa de la obra.
  • Salgo al escenario, saludo y sonrío.
  • Me siento, me concentro en las primeras notas de la obra cantando mentalmente, RESPIRO, y ¡allá vamos!

Todo esto nos ayuda a ponernos en situación, y a crear esa sensación de tensión que aparece cuando tocamos en público. Cuanto más familiarizados estemos con esa sensación, mejor sabremos tratarla.

La otra parte de este proceso consiste en trabajar la concentración total durante la obra. La principal diferencia con la práctica reside en que cuando practicamos estamos registrando todos los puntos débiles que tenemos porque esas son las cosas que debemos trabajar para mejorar. En el caso de la práctica cuando detectamos alguno d esos puntos, paramos y lo trabajamos. Ahora no. Ahora se trata de tocar de principio a fin, centrándonos en todos los aspectos realmente musicales, los fraseos, la intención, el sentimiento que queremos transmitir en un momento determinado, y lo más importante, nos entrenamos para que cuando ocurra algún accidente no nos paremos. Seguiremos adelante y pensando en lo que viene a continuación. Como sabéis, el cerebro sólo puede pensar en una cosa a la vez; si me quedo pensando que en un pasaje el dedo se me ha ido a otra cuerda, o que el pedal ha hecho ruido, no podré pensar en lo que estoy tocando justo ahora y es muy fácil que ahí ocurra otro accidente, que nos llevará a otro y a otro.

Para practicar la interpretación a fondo debemos hacer esto cada día, incluso varias veces a diferentes horas. También hay trucos que podemos utilizar para crear situaciones en las que nos resulte más difícil concentrarnos:

  • Cambia el arpa de sitio, si puedes llévala a otra habitación de la casa. Si no es posible, sólo con girarla desde su posición habitual ya vas a tener una sensación diferente.
  • Prueba a tocar con diferentes arpas, en el conservatorio puedes practicar la concentración cada día en un instrumento diferente.
  • Invita a familiares y amigos a escucharte.
  • Toca la obra a diferentes horas del día.
  • Toca muy muy muy lento porque es mucho más difícil mantener la concentración. Si consigues llegar al final, no habrá concierto que se te resista!

Dos consejos finales:

Al terminar de tocar, en vez de pensar en todos esos accidentes que hayan podido ocurrir, pensad en 3 cosas positivas de vuestra interpretación. Lo de trabajar los accidentes lo dejáis para otro momento en el que estéis practicando y no interpretando.

Aprended las obras con tiempo para poder dedicar unas dos o tres semanas a practicar la interpretación. En el caso de las audiciones en el conservatorio, sabéis que siempre se realizan al final del trimestre, y si participáis en algún concurso, sabéis la fecha exacta así que haced un plan con fechas concretas para poner todo esto en práctica.

Hoy no tengo ganas de estudiar, ¿qué hago?

Que levante la mano el que siempre, siempre, siempre, tiene ganas de estudiar…

Yo no! Me encanta tocar pero hay días que me apetecería más dar un paseo que ponerme a practicar. Es normal, ya que es algo a lo que tenemos que dedicar muchas horas de nuestra vida, y no siempre vamos a estar motivados al máximo.

¿Cómo lidiar con esto? Lo primero es averiguar por qué no tenemos ganas:

1- Estoy cansada porque he tenido muchas clases hoy y un examen… Solución: Descansar. Si tenía pensado practicar una hora, tengo que ver si en el tiempo que me queda esa tarde puedo descansar una hora y tocar otra. Si no tengo tanto tiempo, intentaré descansar media hora y tocar 40 minutos. Si realmente no tengo tiempo y siento que no tengo energía para nada, lo mejor es descansar para no fatigarnos y poder empezar el día siguiente con más energía. Si no el cansancio se irá acumulando y cada día nos va a costar más mantener el ritmo.

2- La obra que tengo que estudiar me resulta muy complicada y cuando pienso todo lo que tengo que hacer para llegar al resultado final se me quitan las ganas. ah, esta es un clásico! yo salgo a correr principalmente por salud, pero no me gustaba. Ahora que ya llevo varios años y es para mí una rutina, hasta lo disfruto, pero hay días que cuando pienso en los 5 kilómetros que tengo por delante, no quiero ni atarme las zapatillas. Lo que hago en esos días es decir «venga, un kilómetro». Y salgo de casa pensando que sólo voy a correr un poquito. Y cuando se está acabando ese kilómetro pienso «si has hecho uno y te ha costado tan poquito, puedes hacer otro» y ya llevo dos! Cuando me quiero dar cuenta he hecho los 5 y no me siento ni cansada, tengo ganas de hacer incluso más. Lo mismo con la obra en cuestión, si nos resulta abrumadora, antes de estudiar cada día vamos a marcarnos un objetivo más pequeño, por ejemplo una frase, o estudiar toda una sección pero sólo con la mano izquierda, etc Tiene que ser algo que podamos conseguir finalizar en esa sesión de estudio. También antes de empezar con esta obra podemos escuchar una grabación, para ver cuál será el resultado final y motivarnos para llegar hasta ahí. En este caso, es importante escuchar diferentes versiones cada día, porque si no nuestra interpretación final puede acabar siendo una copia de esa grabación concreta y no una obra en la que mostremos nuestra propias ideas.

3- Tengo un cumpleaños de un amigo. Solución: ve al cumpleaños y disfruta!! Cuando estés allí aprovecha el tiempo con tus amigos y no te sientas culpable pensando que deberías estar estudiando porque así, ni estudias, ni disfrutas de tu rato de ocio. También puedes intentar sacar un rato de estudio antes de que empiece el cumpleaños o si no es posible, marcharte un poquito antes y tocar al llegar a casa.

4- La obra que tengo que trabajar ahora no me gusta. Principalmente, esto suele ocurrir cuando es un estilo con el que no estamos familiarizados. Por ejemplo, es la primera vez que tengo que tocar una pieza barroca. Una idea muy buena es escuchar otras obras de este estilo, pueden ser del mismo compositor o de otros de su época, también podemos escuchar a otros arpistas tocando esa obra para captar la idea musical de la pieza y escuchar a otros músicos tocando piezas de este estilo, ya sean arpistas o de otros instrumentos. Se aprende mucho de escuchar! Además podemos organizar nuestro tiempo de práctica de manera que cada día estudiemos un poco esta obra y un poco de otras que nos gusten más, tocar algunas obras que ya hemos aprendido anteriormente, etc. Es mejor dedicar un ratito cada día a esta obra combinándola con otras, que estar 3 horas seguidas sin disfrutar de tocar.

5- Simplemente no tengo ganas. Si esto ocurre sólo un día podemos tocar obras que nos gusten y ya hemos aprendido, coger algún libro de canciones que tengamos en casa y leer algunas, conseguir la partitura de la banda sonora de tu película favorita y tocarla, así pasaremos un rato agradable simplemente tocando y seguramente después de un rato tengamos ganas de querer trabajar y mejorar.

Por el contrario si esto ocurre a menudo, quizá debemos pensar si realmente queremos ser arpistas, o para qué queremos serlo. Hay muchas opciones válidas: se puede ser arpista profesional o aficionada, y tanto para una como para otra hay muchas opciones: música clásica, tradicional, jazz, pop, etc. Lo importante es que tenemos que tener claro lo que queremos y que para conseguirlo hay que hacer un esfuerzo. Es este caso, si por las razones que sean pasamos por una época sin ganas, nos tendremos que «obligar» un poco a nosotros mismos a estudiar porque sabemos que es lo necesario para cumplir nuestro sueño. Es importante ser conscientes de que podemos tener épocas con más ganas y otras con menos, es parte de la vida, así que no os rindáis que vendrán épocas mejores.

Un apunte importante: la regla de 1 día libre a la semana. Si tenemos esta regla en mente, sabremos utilizar nuestro tiempo de manera óptima. Si un día ocurre alguno de los supuestos anteriores y no estudiamos ese día, sabemos que esa semana ya no podemos «no estudiar» el resto de los días. De no ser así cada día podríamos encontrar una razón diferente para no estudiar y cuando queramos darnos cuenta han pasado dos semanas y no hemos tocado una nota! Esto también nos sirve para motivarnos: el sábado me van a llevar de excursión al campo y no voy a estudiar, entonces si el miércoles no tengo ganas de estudiar, basta con recordar que si no lo hago no podré ir a la excursión.

Si os animáis a participar, escribid un comentario contando vuestros trucos para esos días sin ganas 😊

Lento. La palabra mágica

Imaginaos que vais de paseo por el campo y tenéis que cruzar un riachuelo. ¿ Cómo lo haréis? a) corriendo b) Despacio, calculando la distancia entre una piedra y la siguiente, observando si la piedra se tambalea, y con cuidado de mantener el equilibrio.

¿Seguís todos aquí o alguno se ha dado un chapuzón? 😉

¿Y si os dijera que las notas del pentagrama son como esas piedras? Como habéis visto, para cruzar un río hace falta pensar en varias cosas. En el caso de una partitura, hay más elementos todavía: tenemos dos voces, cada una escrita en una clave diferente, tenemos que tocar notas diferentes con cada mano, casi siempre haciendo motivos diferentes, hay que observar cuándo van a tocar las dos al mismo tiempo y cuando no,el ritmo, si hay silencios, pedales, las dinámicas, las digitaciones que voy a usar… Así que cuando leemos una partitura por primera vez, no tiene sentido hacerlo a la carrera!! Nuestro cerebro es muy listo pero sólo puede pensar en una cosa a la vez así que hay que hacerlo lento para darle tiempo a asimilar todos los elementos. Lo voy a decir otra vez para que quede claro: LENTO, Lento, lento, lentooooo……..

Creo que la mejor forma de leer la partitura la primera vez es hacer cada voz por separado, elegir el trozo, frase o compás que vamos a leer y fijarnos en todos y cada uno de los elementos que necesitamos para tocarlo de manera óptima. Es muy buena idea también solfearlo cantando, para tener claros el ritmo y la entonación antes de poner nuestros dedos en las cuerdas. Después sabiendo el dibujo que hace la melodía, o los acordes que debemos tocar, ya podemos DECIDIR y anotar las digitaciones que necesitamos en este pasaje. Por último, ya podemos tocarlo despacio, lento.

¿Y cómo de lento? Yo suelo pensar las notas dos valores por encima, es decir, si en la partitura hay corcheas, yo las tocaré como si fueran blancas. Si tengo negras serán como redondas. Esto es una buena referencia pero más importante que pensar en valores reales es cómo nos sentimos mientras tocamos. Si estamos sintiendo prisa o un cierto agobio porque no nos da tiempo a tocar la siguiente nota, estamos tocando más rápido de lo que debemos. Lo ideal es sentir una calma total cuando vamos leyendo, y seguridad de que lo que vamos a tocar es lo que pone en el papel, es una sensación de control. Yo controlo a la partitura y no ella a mi. Y si esto no fuera suficiente para ayudarnos a tocar lento, siempre podemos invitar a nuestro amigo metrónomo a la lectura. En este caso, observaremos si el valor rítmico principal del pasaje es la negra, la fusa, o la corchea y pondremos el metrónomo a una velocidad lenta para ese valor de manera que cada clic del metrónomo será una nota.

Poned esto en práctica y ya veréis que estudiar lento es mucho más agradable y más productivo!

El truco de las 10 repeticiones

Seguro que a todos os han dicho, tanto otros profesores como yo, que hay que practicar pequeños trozos y que hay que tocar ese trocito unas 5 o 10 veces para aprenderlo bien. (supongo que ahora estáis pensando «qué rollo, 10 veces????? eso es mucho!»)

Y esto qué tiene que ver con un pan quemado???? Os lo cuento ahora mismo: mi tostadora antigua tenía una ruleta que controlaba el tiempo de tostado y yo sólo tenía que esperar a que estuviera lista la tostada. Ahora tengo una sin regulador y hasta que no la apagas sigue tostando el pan. Como he repetido el proceso de dar al botón y esperar cada mañana durante años, ahora nunca recuerdo darle al botón de apagar y siempre se me quema la tostada! El hábito de esperar a que la tostada salte se ha hecho permanente para mí, y ahora me cuesta mucho cambiarlo.

«La práctica hace la perfección la permanencia»

Por eso creo que este dicho que tanto escuchamos en el mundo musical es erróneo. Con la práctica pueden alcanzarse resultados muy buenos pero debemos tener en cuenta que cuando repetimos un pasaje, una frase o un compás muchas veces sin prestar atención a los detalles, estamos haciendo que esa manera de tocarlo se fije en nuestra mente y en nuestros dedos y después cuando queramos mejorarlo será una difícil tarea.

De manera que, antes de empezar a repetir como locos ese pasaje 10 veces, debemos pensar qué resultado queremos conseguir e ir añadiendo uno por uno todos los elementos que vamos a usar para llegar a ese resultado en las sucesivas veces que toquemos el pasaje: qué acordes necesito, qué dedos usaré y cómo los voy a conectar, qué dinámicas, si necesito cambiar pedales, etc. Una vez que haya conseguido tocar todo el pasaje exactamente como lo quiero ya puedo fijarlo, hacerlo permanente, con varias repeticiones.

De nuevo, una palabra que no me gusta. Repetir suena a algo que hacemos de manera automática y aburrida. Pero no tiene por qué ser así!!! Yo prefiero decir «probar» o «experimentar» y podemos hacerlo mucho más divertido si cada vez nos centramos en un aspecto diferente de la música: una vez podemos prestar atención a la dinámicas, otra fijarnos en nuestros dedos y en que apoyen correctamente en las cuerdas, otra tocar todo el pasaje muuuuy lento para que tengamos que esforzarnos en conectar musicalmente las notas, así después al tocarlo a la velocidad normal nos resultará más cómodo hacer los fraseos, también podemos fijarnos en los movimientos que hacen nuestros pies mientras tocamos el pasaje: si van de un pedal al siguiente directamente o se entretienen dando un paseo por los otros pedales o por el suelo. Como véis hay muchas cosas en las que pensar mientra hacemos todas esas «pruebas» y si hacemos todo esto, 10 veces incluso nos van a saber a poco.

Así que ya sabéis, no os dejéis quemar la tostada con el arpa y experimentad y probad cuánto queráis!!!

Palabras, palabras, palabras!

Pensaréis que me he equivocado de blog ya que éste va de arpa y de música, pero no! Soy una fanática de las palabras, adoro los matices que pueden aportar diferentes sinónimos a un mismo concepto; en las sutilezas reside la magia! (Esto es especialmente cierto en la música). Creo firmemente que las palabras que utilizamos pueden ayudarnos a cambiar nuestra manera de pensar. También me encanta cómo algunas expresiones, dependiendo del idioma, suenan más precisas y contundentes. Ahora lo vais a ver:

Últimamente he estado reflexionando sobre la PERFECCIÓN en la música. A pesar de que, en general, los profesores intentamos no inculcar esto a nuestros alumnos, parece que es algo que está en el subconsciente colectivo y es una palabra que siempre acaba surgiendo en mis clases. Perfecto es una palabra rígida, no deja lugar a una evolución; el concepto de perfección no cambia de una obra a otra o de un trimestre a otro ya que implica alcanzar un objetivo fijo: la ausencia de «errores o fallos». Así que en su lugar, he decidido utilizar la palabra ÓPTIMO. Según el diccionario, Óptimo es algo sumamente bueno, que no puede ser mejor. Esto sí nos permite mucha flexibilidad, ya que hoy puedo tocar una obra con un resultado óptimo para mi situación: en éste momento, no puedo tocarla mejor; he alcanzado mi máximo actual. Dentro de un año puedo volver a tocarla y alcanzar una interpretación óptima más elevada ya que habré aprendido cosas nuevas y afinado mi técnica durante todo ese tiempo. La palabra óptimo se adapta a cada persona, un alumno en segundo curso puede conseguir un resultado óptimo y un profesional también, cada uno dentro de su nivel, en cambio perfecto es un concepto cerrado y que además se presenta inalcanzable, lo cual puede fácilmente desmotivarnos. Así que… «Perfección» fuera del mundo del arpa!

El concepto de Óptimo, implica «dar lo mejor de uno mismo» en cada momento. Y aquí llega la segunda parte del post, los idiomas. En español esta expresión es un poco más larga pero en inglés me parece muy poderosa por su precisión: «Do MY best» (literalmente, hacer MI mejor). Y pongo «my» así en mayúsculas y negrita porque para mí esa es la clave, dar lo mejor de mi, lo que yo puedo alcanzar en mi situación actual, en base a mis propias capacidades y a mi nivel de conocimientos.

Por todo ello os animo a desterrar la palabra perfección de vuestra mente y a cambiarla por otras más optimistas y amables como las que os he presentado en este post. Si vosotros tenéis otras palabras o expresiones podéis compartirlas y crearemos un Diccionario del arpa.😉

Año nuevo… Blog nuevo!

Me gustan los comienzos de año porque puedes hacer borrón y cuenta nueva y empezar un cuaderno en blanco que llenar durante los próximos 12 meses. A mí las ganas de hacer un blog ya me rondaban desde hace tiempo y… Tacháaaan! En este comienzo de 2019 por fin me he atrevido a iniciar esta aventura. Con este blog pretendo aportar información sobre todo lo relacionado con el aprendizaje del arpa ya que mi motivación principal es que sea un complemento para mis alumnos. Espero además que pueda resultar interesante para cualquier arpista profesional o aficionada, y para los músicos en general. Feliz 2019 a todos y que llenéis vuestro año con mucha música!