
No sé vosotros, pero a mí una hora de clase se me hace corta. Siempre me quedo con ganas de poder enseñaros un truco más, o escuchar algún pasaje una última vez. O que me contéis alguna cosa de vuestra vida.
Quizá estéis pensando que no es así, que es una hora entera, 60 minutos uno tras otro, pero en relación al resto de la semana, el rato que pasamos en la clase es sólo un momento fugaz y por eso tenemos que atesorarlo y mimarlo y hacer todo lo posible porque resulte productivo.
Es un poco parecido a cuando vamos al médico. En 5 minutos el doctor te va a explicar qué medicamentos tienes que tomar, cómo tomarlos, y si tienes que cambiar algunos hábitos de tu vida como tomar más agua. Si no prestamos toda la atención de que somos capaces en estos 5 minutos,
¡no sabremos qué hacer el resto de la semana!
Así que lo primero que debemos hacer para aprovechar bien la clase es estar muy atentos y concentrarnos al máximo. A veces estamos cansados y nos cuesta más mantener la concentración pero es necesario esforzarse porque pasará una semana entera hasta que tengamos de nuevo la oportunidad de aprender.
Así mismo es esencial practicar con regularidad durante toda la semana. Es importante aclarar que la hora de clase no es el momento en el que practicamos. Esa hora sirve para que el profesor vea nuestra evolución y analice qué aspectos hemos desarrollado con éxito y cuáles necesitan un nuevo enfoque, o refuerzo técnico, etc. y para que el profesor nos enseñe los recursos que necesitamos aplicar en nuestro tiempo de estudio para seguir avanzando tanto en la obra concreta que estemos trabajando en ese momento, como en nuestra evolución general como músicos.
También quiero resaltar que la falta de regularidad en el estudio, además de no tener los resultados positivos mencionados, tiene resultados muy negativos: si yo no evoluciono de una clase a la siguiente, el profesor volverá a repetirme las cosas que me dijo en la clase anterior, y eso resulta muy aburrido. Cuando este proceso se repite a lo largo de varias semanas, entramos en un estado de tedio, cansancio y falta de motivación tanto hacia la clase como hacia el instrumento en sí.
Una herramienta realmente útil es un diario de clase y práctica. En él, el profesor enumerará todo lo que debemos trabajar durante la semana así como anotaciones y consejos sobre qué aspectos debemos prestar más atención; por ejemplo, fijarnos en la posición de un dedo concreto, o evitar ruidos («cerdeos») al tocar un determinado pasaje. Además, durante la práctica, nos servirá de guía para planificar nuestro tiempo y podemos ir anotando todo lo necesario como dudas, trucos que no nos están funcionando, a qué velocidad he llegado ese día con el metrónomo para saber dónde continuar al día siguiente, etc.
Por último, no os quedéis nunca con ninguna duda ni tengáis miedo de preguntar en la clase. Una de las cosas que me encantan de estar aprendiendo a bailar swing, es que me tengo que poner en el papel de alumna. Muchas veces he preguntado dudas a la profesora y al hacerlo me he dado cuenta que otros alumnos tenían la misma pregunta. Si nadie pide al profesor que resuelva nuestras dudas, nos quedamos todos sin saberlo y sin mejorar ese paso o movimiento. A veces incluso podemos llegar a tener la sensación de que el profesor nos dice cosas contrarias y si no preguntamos el por qué podemos llegar a pensar que cada día nos dice una cosa diferente y que no podemos confiar en que lo que ha dicho es así.
Las clases de instrumento son individuales así que no podemos esperar a que otro compañero pregunte por nosotros.
Ya sabéis, ¡preguntad siempre!






